jueves, 14 de noviembre de 2013

Hoy han intentado atracarme

No quiero contar esta historia muchas más veces de lo que ya lo he hecho en un día, así que lo dejaré escrito para todo al que le interese.

Hoy han intentado atracarme. Iba de camino a mi casa después de acompañar a mi novia hasta la suya. Tenía que estudiar para el examen de filosofía del día siguiente, el cuál requería bastante tiempo de estudio y yo pretendía pasarme el día entero en ello, pese a que ya había estudiado algo previamente. Al llegar a una calle que hacía esquina con la calle en la que se encuentra mi casa (una calle bastante despejada, muy concurrida y con un colegio ahí mismo, siendo entre las tres y media y las cuatro de la tarde) se me acerca un tipo, de unos veintisiete años y unos quince kilos más pesado que yo, con pinta de gorrilla de estos que aparcan coches, y me dice algo, lo cual no escucho puesto que llevaba los cascos con música puestos. Me los quité y le pregunté qué quería. El tipo me preguntó si tengo algo de dinero, cincuenta céntimos o lo que fuera, que tenía que comer. Le dije que no. Tras insistirme un poco me preguntó qué llevaba en el bolsillo y le dije que un mp4. El tipo me dijo que se lo enseñase porque nunca había visto uno y no sabía lo que era, y yo, tras él insistirme, obedecí sin dejar de agarrarlo con fuerza, hecho que él notó y le llevó a decirme que no fuera desconfiado, que no me lo iba a quitar. Me negué a dejárselo y me lo metí en el bolsillo dispuesto a irme. En ese momento el tipo me agarra con fuerza del brazo y me dice que le deje verlo y que no sea desconfiado pero con un tono más… agresivo. Cuando hice un intento de irme corriendo no pude, puesto que me había agarrado con bastante fuerza, y al tipo no le gusto mi reacción. La respiración se le intensificó, así como la mirada, y me agarró con mucha fuerza del cuello, prácticamente de la nuez, mientras me empujaba hacia un “jardín” (tierra y algunos arbustos y árboles pequeños). Sentí que me asfixiaba, que ahí se acabaría la disputa, puesto que me había quedado sin aire demasiado pronto y no aguantaría mucho más. Por suerte el tío me soltó el cuello, y no por tanta suerte me lanzó un puñetazo, el cual yo esquivé muy torpemente, y le respondí con otro. El impacto apenas le hizo mover la cabeza, y creo que no le di con la precisión suficiente pues se me deslizó por su cara muy rápido, pero bastó para hacerle algo de sangre en la boca. El tipo me agarró con más fuerza  mientras me decía “ me has dado una piña” y yo le decía, muy asustado “por favor tío, déjame irme, no tengo nada, tengo que estudiar…”. Segundos más tarde, observé (por suerte) que introducía la mano en su bolsillo. Supuse que sacaría una navaja o algo parecido, sospechas que se confirmaron al ver un cuchillo en su mano. Tan rápido como pude y sin pensármelo mucho, pues pese a que estaba aterrado y jamás me había peleado (de hecho un de los motivos por los que no salgo a la calle con frecuencia ni voy a ningún tipo de fiesta es el miedo a las confrontaciones con indeseables) no quería que me atracara y mucho menos que me clavara el cuchillo, le agarré la muñeca de la mano que sostenía el arma. Me percaté de que detrás de él había un árbol, bajo y delgado, poco más que una rama, y empujé al agresor hacia él, haciendo que tropezase y colocándome sobre él. Mi primer acto reflejo fue arrebatarle el cuchillo, el cuál era bastante endeble y pude incluso doblarlo con bastante facilidad, aunque arrebatárselo no fue nada fácil y mi miedo no me permitía utilizar todas mis fuerzas, lo logré. El tipo me grito que lo rajase, en un fallido intento por asustarme más (aunque no sé si porque no me asustaba o porque ya no podía estar más asustado), y no voy a mentir, pensé en hacerlo, pero… simplemente no me atreví, ni a clavárselo ni a hacerle un corte. El tipo me pidió por favor que le dejase ir, que tenía una hija y que solo quería darle de comer (me dijo más cosas pero solo recuerdo eso), todo ello mientras continuábamos forcejeando. De repente, noto que mi vista, así como mi cabeza, se desplazan hacia la derecha. Al mirar que tenía una piedra más grande que mis dos puños juntos, me sorprendí, porque nunca me habían pegado con una piedra y al idea de que lo hicieran me aterró más, pero también porque no había sentido absolutamente ningún dolor, tal vez por la tensión del momento. Tras algunos otros minutos forcejeando (en los que el agresor aprovechó para morderme el bíceps), a la espera de que apareciese alguien que me ayudase o llamara a la policía, pues solo pasaban coches y desde donde venían no podían vernos, cogió otra piedra con la otra mano y me dio otra pedrada en la parte superior-trasera de la cabeza,  la cual tampoco me dolió en exceso pero sí la sentí, supongo que porque la vi venir. Tras otro tiempo forcejeando, (tiempo que me mantuve pendiente a sus manos y algo más tranquilo, pues parecía que lo había “domado”), logró de alguna forma empezar a incorporarse sin que yo pudiera evitarlo. Estaba aterrado una vez más, si conseguía ponerse encima de mí… no quería pensar en qué podía hacerme, lo que me llevó una vez más a actuar y, de alguna forma (no tengo idea de cómo, simplemente no recuerdo nada de ese momento) me coloqué detrás de él, le rodeé el cuello con un brazo, el cual sostuve firmemente con el otro, me tiré al suelo y abracé su torso con mis piernas, lo cual, si no me equivoco, se llama “mataleón” (siempre pensé que si algún día me veía obligado a pelearme haría esa llave, pues es desproporcionadamente eficaz para lo poco que cuesta ejecutarla). Hice bastante presión, pues sus pataletas casi me hicieron soltarlo, y cuando perdió el aire finalmente se tranquilizó, y palmeó la tierra, como si se rindiera en un combate de lucha libre o de UFC, lo cual me pareció ridículo, no sé si realmente esperaba que lo soltase, pero lo que si hice fue aflojar un poco la presión para que pudiera respirar, pues no quería asfixiarlo tampoco, simplemente esperar a que apareciera alguien que llamase a la policía. El tipo me volvió a suplicar, por su hija, que lo soltase, que se marcharía sin hacerme nada, a lo que yo me negué. Los plazos de tiempo no se viven igual cuando tienes tanto miedo, así que las referencias al tiempo que haga a partir de ahora no sé si serán correctas, pero siendo realista, yo diría que uno o dos minutos más tarde, una mujer del edificio de enfrente me gritó que soltase al hombre o llamaría a la policía, a lo cual le respondí que era lo que yo quería, y le grité brevemente que era él quien me había amenazado. No mucho después otra mujer aparece caminando y nos ve, sin percatarse de lo que estaba pasando. Sin mucho miedo se nos acerca y me pregunta qué pasa, y yo, enseñándole el cuchillo aún en mi mano y sin soltar la llave, le dije que ese hombre me había intentado atracar. Más gente del edificio de la primera señora bajó, y esta segunda mujer les dijo que llamaran a la policía. Más gente se quedaba mirándonos, sin actuar, cosa que no les reprimo, pues el que estaba ahogado a otra persona y tenía un cuchillo en la mano era yo, y no culpo al que no supiera qué estaba ocurriendo. El agresor me dijo que lo soltase, por su hija, que solo quería comer, que estaba muy mal,… la mujer le dijo que todos estaban mal pero que eso no se podía hacer… fue un tiempo bastante largo ( o para mí lo fue) y dijo muchas cosas, así que no recuerdo con todo detalle. También pidió agua, el cual se la dieron de una botella que traía una mujer en la mano, y él trago como pudo, diciéndome que le apretara menos fuerte, cosa que yo no hice pues ya había dejado unos dos centímetros de espacio entre mi brazo y su cuello. Dijo tener hipertensión y comenzó a fingir un ataque, el cuál terminó en cuando se percató de que no le prestábamos más atención de la que la situación ya había requerido hasta el momento. La policía llego, y me preguntó qué había ocurrido. Habiendo soltado ya el cuchillo, les expliqué  lo sucedido lo mejor que pude mientras dos agentes mantenían al agresor en el suelo, al cual detuvieron mientras yo contaba mi historia al percatarse más o menos de lo que había ocurrido. Vino también una ambulancia, y pregunté si alguien tenía un teléfono móvil, pues mi madre estaba a menos de dos minutos andando del lugar. Consiguieron uno de un hombre que recién estaba pasando por allí y se ofreció a dejárnoslo. Se lo di a la mujer que me había ayudado, pero a mitad de conversación se lo entregó a un agente y este informó a mi madre de lo ocurrido brevemente y le dijo que viniera. Una ambulancia había llegado al lugar hacía poco y me pidieron que entrase para verme un poco por encima y desinfectarme las heridas que tenía (las cuales no las había notado durante todo lo ocurrido y al ver cuántas eran me extrañé, pues, no serían menos de veinte tan solo en los brazos, además de unas heridas grandes en mi cuello, un chichón en la cabeza por la segunda pedrada y dolor en el lugar de la primera (además más tarde descubriría heridas en mis piernas y unas pocas en mi torso). Un agente de policía me dijo que había tenido mucha suerte y que “Ole tus huevos” (expresión que al menos un agente de policía más me diría a lo largo del día). Mi madre llegó no mucho después junto con su novio, a quienes no dejaron acercarse al coche patrulla en que se encontraba el agresor, ni siquiera para verlo, hecho que comprendí pues supongo que querían evitar algún tipo de insulto por parte de ambas partes. Me dijeron que fuera al hospital y luego a comisaría con objeto de hacer un testimonio de lo ocurrido y poner una denuncia si lo deseaba. Mi madre vino conmigo en la ambulancia hasta el hospital, mientras que su novio nos siguió en coche. Allí solo me hicieron unas pruebas del estilo… sigue este bolígrafo con la mirada, saca la lengua, estira los brazos y tócate la nariz,… para asegurarse de que no había ningún tipo de trauma,  por lo que descartaron hacerme más pruebas, aunque me dieron una lista de recomendaciones si me mareaba o me pasaba algo una vez abandonado el hospital. Tenía hambre, pero no ganas de comer, así que pese a las insistencias de mi madre y su pareja por que comiera algo yo me mantuve sin comer nada de camino al coche y posteriormente a la comisaría. Mientras esperábamos a que nos atendieran (tiempo en que el mismo policía apareció y me repitió lo de “ole tus huevos” y la suerte que había tenido) acepté comer una chocolatina y una pepsi. Una vez dentro conté lo ocurrido a otro agente (que me repitió la suerte que había tenido y el “ole tus huevos”) mientras tomaba nota a ordenador. Me dijo que el agresor vivía cerca de allí, que ya tenía cargos por robos con violencia, que había dicho que se había peleado una vez ya conmigo hacía cinco años (es decir, cuando tenía doce años) y que probablemente estaría entre dos años y medio y tres años entre rejas, aunque dependía del juez. Nos marchamos a mi médico habitual con intención de preguntar si hacía falta hacer una analítica, a lo cual me contestaron negativamente y me dijeron que si quería asegurarme me la podía hacer de todos modos pero dentro de unos meses, pues no sería útil hacerlo sin dar oportunidad a las heridas a que se infectasen. Me vine a casa y, tras contarle lo ocurrido a mi novia, sentí la necesidad de escribirlo, en especial para evitar tener que contar esta historia de nuevo muchas más veces y… para liberarme de alguna forma.

Soy una persona amante de su rutina que evita las emociones fuertes, y odio que esto me haya pasado a mí que evito toda clase de problemas, estoy en contra de toda violencia y únicamente de dedico a estudiar, jugar videojuegos y estar con mi pareja. Me encoleriza pensar que a un hombre con cargos anteriores solo se le encierre tres años tras intentar robar a mano armada a un menor de edad, pero lo que más siento en este momento es curiosidad por saber cómo afrontaré esto. Si seré capaz de actuar igual a partir de ahora puesto que esto le puede pasar a cualquiera, o si estaré atemorizado durante un tiempo con este recuerdo. No sé si seré capaz de pegar ojo esta, la noche correspondiente al día que me ha ocurrido esto, ni las venideras,… ahora mismo simplemente me siento como si hubiera perdido un trozo de algo parecido a la inocencia, muy similar a cuando te enteras de que no existe Santa Claus, el ratoncito Pérez, etc. No me siento para nada orgulloso de haber podido con un hombre que casi podría duplicarme la edad, que pesaba unos quince kilos más que yo, que iba armado mientras que, durante todo el conflicto yo no me quité la mochila de la espalda en ningún momento (y los jueves es el día en que más pesa) y hacía pocos días había tenido graves problemas de espalda que requirieron tomar antinflamatorios, solo siento tristeza por el mundo en que vivimos en que te pueden atracar en una calle no muy oculta a plena luz del día aunque seas menor de edad, indignación por las penas tan leves que se les impone a personas que ya han tenido varias oportunidades de reintegrarse en la sociedad, y una mezcla de miedo y curiosidad por cómo afrontaré mi vida a partir de ahora. De entrada no iré a clase mañana (pues me dijeron que me vería un médico forense y tengo que hacer algunas cosas más relacionadas con el incidente) y haré lo posible porque me coloquen el examen otro día. Solo quiero decir que pese al miedo que he pasado y al dolor que siento, agradezco que esto me haya pasado a mí y no a un ser querido, en especial mi novia, en quien no podía parar de pensar durante y después de lo ocurrido.