lunes, 30 de marzo de 2015

Desesperante desgana.

Son las 5:44 de la madrugada en el momento en que empiezo a escribir esto. Llevo alrededor de 3 horas en la cama, a oscuras, intentando conciliar el sueño sin éxito. Llegado a un punto en que me convencí de que era completamente inútil intentarlo (ya tengo comprobado que hasta que el Sol no empieza a salir no me entra el sueño), me dispuse a hacer algo, y aún a oscuras en la cama me pregunté a mí mismo qué me apetece hacer. ¿Me apetece dormir? No. ¿Me apetece jugar a la play? No. ¿Me apetece ver una serie o una película? No. ¿Me apetece leer? No. ¿Me apetece comer algo? No. 

Llegados a ese punto, ya algo inquieto y desesperado por el hecho de que no tuviese ganas de hacer nada ni sueño para dormir hasta, por lo menos, tener ganas de comer, me pregunté si me apetecía hacer algo que no estuviese a mi alcance en ese momento. Salir con algún amigo a algún sitio o a su casa, o con mi pareja, o solo, o tocar el teclado un rato,... pero nada me creaba esa sensación comúnmente denominada "ganas". 

Sin pretenderlo, me di cuenta de que, lo que por un momento me pareció una idea estupenda, preguntarme a mí mismo qué me apetece hacer e ir descartando opciones, ya se me había ocurrido dos o tres veces más en los últimos años, y todas había fracasado, porque cuando me doy cuenta de que no tengo ganas de nada,... me agobio. Ninguna de las descripciones que se me ocurren de esa sensación me satisface, pero es como si me pesase mi propia existencia. Me di cuenta de que las otras veces que hice esto me prometí a mí mismo no pensar, y simplemente hacer las cosas aunque no tenga ganas, solo por hacer que el tiempo pase y evitar pensar en la medida de lo posible, y con suerte, poder llegar a disfrutar algo. Me di cuenta de que siempre he hecho lo mismo, de forma totalmente automática; poner un juego en la consola, jugarlo mientras mantenga mi cabeza ocupada, y cuando me aburre tanto que juego sin prestarle atención y mi mente se va a otro sitio, cambio el disco o intento hacer varias cosas simultáneas, como jugar y oír música. Casi lo mismo con las series; ver capítulos hasta que mi mente pierde el interés y ya no soy capaz de prestarle atención a la trama, y con los libros,... 

La vida, personalmente, nunca me ha valido la pena. No me vale la pena lo que hay que sufrir, estudiar, trabajar, aprender,... simplemente para ganarte el derecho a vivir y tener el poco tiempo restante para ti, y en estos momentos en los que llego a la conclusión de que ese poco tiempo que tengo para mí no lo disfruto,... Lo único que me aleja de la idea del suicidio es el miedo al dolor, por efímero que pudiese ser. Vivo en el punto justo de depresión en que estoy todo lo mal, desganado, deprimido y asqueado que puedo estar sin llegar a estar tan desesperado como para quitarme la vida sin pensar en nada más. El punto justo en que no eres feliz para nada pero tampoco puedes hacer que se acabe. El punto en que tienes que sufrir esa sensación cada vez que se te ocurra la genial idea de utilizar tu cerebro, en vez de actuar por costumbre y reflejos, como mis malas experiencias me han enseñado. 

Ojalá pudiese apreciar tanto las cosas que tengo que me valga la pena vivir, con los sacrificios que ello conlleva, pero carezco de algo que gente a priori mucho más desgraciada y pobre que yo tiene; esperanza. No espero que mi vida vaya a mejor, no espero encontrar algo que me guste, y si lo hago, me aburriré de ello muy fácilmente, como he hecho siempre con las pocas cosas que me han gustado, no espero alcanzar mis sueños y metas en la vida porque no tengo. No tengo nada por hacer que me dejase morir más realizado. Ahora mismo, creo estar todo lo realizado con la vida que estaré jamás, y todo lo que haga no será nada más que rellenar tiempo hasta que la muerte me abrace. Lo único que espero es equivocarme y encontrar algo que me haga tragarme todas estas palabras y todos estos pensamientos... o deprimirme lo suficiente como para quitarme yo mismo la vida sin pensármelo dos veces. 

lunes, 2 de marzo de 2015

Una ojeada al pasado.

Por lo general, cuando veo fotos antiguas y, pese a que mi vida actual no me gusta demasiado, (de hecho, si me diesen en cualquier momento una pastillita para suicidarme me la tomaría encantado) agradezco no estar viviendo esa época aún. Supongo que puedo decir que he madurado y he aprendido varias cosas en estos últimos años de las que no me gustaría desprenderme ahora, pero al echar una ojeada a las primeras fotos que me saqué con mi desde hace un mes y tres días ex novia,... por un momento sentí que querría volver. Desde luego ha sido la época más feliz de mi vida. No solo me devolvió las ganas de vivir sino que me hizo sentir insuperablemente feliz. Sentí que tal vez podría haber hecho algo distinto pero,... cuando me pregunté el qué me di cuenta de que no es así. Lo di todo en esa relación. ¿Cómo no? Era mi razón de vivir. Cada segundo libre de mi vida lo dediqué a ella, y cada segundo libre en clase lo dediqué a adelantar tareas para dedicarle más segundos libres a ella, y no me costaba nada, lo hacía con una sonrisa. Ojalá pudiese volver a sentir algo así. En este momento me parece algo imposible y parte de un sueño que confundo con realidad. Es cierto, cometí algunos fallos, por los que pedí perdón y lloré en demasía para la escasa gravedad de dichos fallos, pero los sucesos realmente trascendentales en mi relación los recibí de la nada, sin tomar ninguna decisión, solo recibiendo los golpes como un saco de boxeo.
¿Hice realmente yo algo mal y no soy capaz de verlo? ¿Era ella una mala persona que se mostraba ante mí de una manera sin dejarme conocerla realmente? ¿Era simplemente tonta y dejó que todo se fuese a la mierda por una estupidez? Incontables son las preguntas sin respuesta que rondan mi cabeza sobre el tema. Preguntas sin respuesta que jamás la tendrán, pues las personas involucradas en estos sucesos, incluida mi ex novia, son, simplemente, metirosos compulsivos.
Odio las mentiras y la hipocresía. Rechazo en mi vida a todo aquel que coquetee con ellas, pero sin embargo, de alguna forma acabé metido en un pozo de mentiras, en el que nunca habría entrado de no ser por ella. Realmente el amor te ciega, y aunque a veces el daño extra que te causa es menor que la felicidad,... cuando no es así y recuperas la vista sientes el dolor de todo lo que no pudiste ver venir. Es curioso como lo único que puede hacerme feliz y darme las ganas de vivir es también lo que más daño puede hacerme, pero bueno, no puedo quejarme. Por mucho daño que me haga solo puede devolverme a mi estado natural de no tener ganas de nada y sentir indiferencia por casi todo, pues más bajo es difícil caer.
Me gusta tener opiniones fuertes y claras sobre cualquier tema, y ese es uno de los motivos por los que odio las mentiras. No sé si sentirme culpable por querer echarle la culpa a ella y solo a ella, no sé si es así, no sé cuán grave era esa culpa que no sé si echarle, no estoy totalmente convencido de haber hecho bien al dejarla, pese a que SÉ que no puedo vivir con lo que sucedió, sea la versión light o la hardcore,... Dudas, dudas, dudas, dolor y preguntas sin respuesta es todo lo que tengo. ¿Y se supone que debe ser suficiente para dejar atrás la mejor época de mi vida? No sé si la situación y el azar podrían haber sido más crueles, pero si es así espero no comprobarlo más adelante en mi vida. Este tipo de decisiones ya son bastante difíciles de por sí. 
No sé cómo me las voy a arreglar, yo, un hombre que vive moralmente en lo más bajo por naturaleza, para olvidar a alguien que me elevó hasta donde creí que ningún otro ser humano podría llegar jamás, pero por suerte no tengo que tomar ninguna decisión ni hacer nada. Solo esperar. El tiempo es poderoso, y será él el que decida si me mantengo "en pie" o me hundo aún más hasta el único punto que se me ocurre que puede estar por debajo del que me vino de serie.
Agradezco ser tan indiferente y sentir que la vida no es más que una larga obra de teatro en la que puedo actuar como desee, pues haga lo que haga el telón acabará bajando. Si le diese más importancia a mi vida y me preocupase más por haberme hundido con un barco que yo creía infalible... no quiero ni imaginar cómo me dolería esta situación.